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Volvió a su sitio
Juan Pablo Montoya -patrocinado por Orbitel-Clausen, Avianca y Alpina- sigue dando palo en el campeonato de la Cart. Ayer había partido de décimo, pero no importó. Se fue deshaciendo de sus rivales más difíciles y ganó en el óvalo de su patrón, Chip Ganassi. Montoya es, de nuevo, líder, el sitio que más le gusta y que mejor conoce.
Por JOSÉ CLOPATOFSKY

Especial para EL TIEMPO
¡Sobrado!
Cuando comienzan a agotarse los titulares y seis victorias engordan la producción de Juan Pablo Montoya en la Fórmula Cart, además del regreso a la punta del campeonato de manera contundente al concluir ayer la prueba 15 en el "óvalo Ganassi" de Chicago, hay que utilizar esos calificativos que ubican a los campeones en el mundo de la superioridad.
Porque lo que está pasando en Cart con Montoya, ya campeón de los novatos 1999, líder de las vueltas punteadas con 856 giros al comando, nuevo récord de victorias obtenidas -seis- por un debutante, inclusive por encima de Nigell Mansell, el mejor corredor de todos los de la serie en óvalos, es en la escena mundial casi lo mismo que pasaba hace años, guardadas proporciones, en Tocancipá.
Acá, cuando apareció y pulverizó a toda la concurrencia una y otra vez, el "sardino volador", como lo llamamos en ese momento, hizo cierta la frase de la antigüedad: "Vine, vi y vencí..."
Allá, el volador ya no es tan "sardino", pero sigue siendo el mismo aplastante corredor, que ayer hizo una presentación casi perfecta en el carrusel de Chicago, donde sus rivales temporales de las clasificaciones se derritieron ante su ritmo y constancia. Y los contendores por el título fueron impotentes para detener a quien ahora llaman cariñosamente en el Internet oficial de Cart como el "asesino" de las pistas americanas.
La tarea de ayer, en una carrera que era clave para el juego del campeonato, fue meticulosamente bien realizada por Montoya -a quien apoyan Orbitel, Clausen, Avianca y Alpina- durante las primeras 64 vueltas que demoró en llegar al comando. Y fue aún mejor sustentada en el resto de la larga contienda, pues tan sólo perdió transitoriamente el liderato frente a Franchitti en el giro 99, quien lo pasó en una maniobra "tipo Montoya", profundizando en mínimo espacio por dentro, al final de la recta.
El escocés lo sostuvo desde ese momento hasta la vuelta 126, con una larga neutralización en medio, que de paso descarburó la pelea que prometía mucha intensidad, a juzgar por la forma como estrechamente Franchitti había alcanzado y pasado a Montoya, cuyo retorno de atenciones se esperaba de inmediato.
Pero en ese momento, en sus espaldas, Tracy cerró la vía de Michael Andretti y ambos carros se estamparon en el muro de la curva uno, bloqueando la prueba durante 15 vueltas y privándola de sus mejores animadores, obviamente después de los dos punteros de la carrera y del campeonato, quienes libraron adelante un limpio e ilustrativo mano a mano sobre sus verdaderos poderes, separados al final por apenas siete décimas de segundo y cuatro puntos en la general, todo a favor del colombiano.
El inmaculado óvalo de Chicago, lleno hasta las banderas por 62 mil concurrentes, fue un lindo escenario para una carrera intensa de 225 vueltas en la cual el primer animador y dueño del balón fue el italiano Max Papis, quien esta vez se desinfló mucho antes de lo que lo había durado en la Michigan 500. Cuando Montoya lo alcanzó, no hubo resistencia y hasta ahí su reinado: 63 vueltas, casi a la par con la primera amarilla desatada por el aceite del motor del también declinante Al Unser Jr.
Problemas de caja
Aprovecharon y entraron a pits todos juntos, tan cerca que Montoya y Andretti se rozaron, pues ambos carros venían interceptados por el radar de velocidad y los pilotos querían usar el mismo lugar del circuito. Los muchachos del Ganassi despacharon a Montoya en 10.4 segundos, a Michael lo detuvieron 11.1 y a Papis le demoraron el reloj durante 12.2 segundos. Pero esto no fue sino un emocionante duelo de habilidades de los mecánicos. Adelante los esperaba una bandera amarilla que mantuvo las cosas represadas y dio pie para algunos gestos entre Andretti y Montoya, sin duda reclamando su golpe de ruedas en pits.
Sin embargo, ni Michael ni Juan volverían a verse en la carrera. Al retomar la acción, Franchitti pasó al 2o. sobre Andretti, cuyo carro con tanques llenos perdió toda la superioridad y vino un momento de angustia cuando Juan Pablo reportó algunas dificultades con la caja de cambios que no recibía la 4a. debidamente. Otra bandera amarilla aflojó la tensión: Magnussen y Moreno chocaron fuertemente, pero no hubo mucha demora.
Al bajar la verde, el juez la cambió de inmediato por la amarilla -maniobra que había entrenado muy bien en la salida de la carrera, que debió abortar tres veces sucesivas por la inhabilidad de Blundell parea ir al lado del pole man, Papis- debido a que Montoya frenó y represó a todo el grupo, cosa que le valió una llamada de atención del starter oficial. El mensaje fue transmitido por los jueces a Ganassi, sin más implicaciones.
El resto fue una perfecta costura, una vez liberada la pista de los pedazos de los carros de Andretti y Tracy. Juan Pablo hizo el estudio de Franchitti, lo pasó limpia y claramente cuando faltaban 58 vueltas y se dedicó a fabricar un buen colchón para la ultima entrada a pits.
Este medía más de 10 segundos de grueso cuando le llenaron el tanque y sobre cuatro ruedas nuevas se fue tras la victoria, defendida en un denso tráfico del cual no pudo deshacerse, tanto que dio muchas de las últimas vueltas detrás de P.J. Jones, a quien no pudo pasar.
Pero Franchitti tampoco recortaba, y así se inauguró el Ganassi Speedway, con un suculento triunfo de su pupilo colombiano, el regreso al comando del campeonato y una gran sonrisa de Morris Nunn, a quien Montoya agradeció por el estupendo carro que le había fabricado.
"Desde el calentamiento, supe que había con qué ganar. Morris me hizo un gran carro, y es una gran alegría regresar al comando del campeonato y ganar la carrera de mis patrocinadores. Lo único difícil del día fue P.J. Jones, siempre en mi camino al final de carrera", le dijo a la televisión estadounidense al bajar, como siempre fresco, de su victorioso aparato.
Texto tomado del diario el tiempo dia Lunes 23 de Agosto de 1999